El desafío de explorar nuevas formas de educación ambiental.

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El desafío de explorar nuevas formas de educación ambiental.

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El 26 de enero se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental, un tema que debería ser prioridad en un país como Nicaragua con temas sensibles como el cambio climático, el modelo agroexportador que poco a poco consume las reservas de áreas protegidas del país, el cuido de las fuentes de agua y el manejo de la basura, por mencionar algunos puntos de una larga lista de asuntos sin abordar y que se deberían trabajar a conciencia.

La Educación Ambiental tiene como principal objetivo identificar la problemática ambiental tanto a nivel global como a nivel local y crear conciencia en las personas y en los gobiernos en cuanto a la necesidad de participar para conservar y proteger el medio ambiente. Sin embargo, en nuestro país, debido a lo observado, se ha interpretado como una actividad de requisito académico de secundaria, en la que estudiantes participan en la limpieza de playas en tiempos de veraneo, la siembra de árboles a modo de ornamentación en sitios como parques y bulevares y en otros casos, un tanto más acorde con el tema la reforestación en algún cerro o bosque.

A veces se organizan en las llamadas brigadas ecológicas y su proyección da realce a la propaganda ambientalista y aunque dichas actividades son importantes, porque las y los jóvenes principalmente estudiantes conocen formas concretas de proteger el medio ambiente y redescubren el mundo en que se vive, aún es un esfuerzo limitado.

A nivel internacional no se definen procedimientos concretos para implementar la educación ambiental, sin embargo, esta “les enseña a los individuos a sopesar los distintos lados de una problemática mediante el pensamiento crítico, y estimula sus propias habilidades para resolver problemas y tomar decisiones” (EPA). Por ejemplo, sería oportuno repensar el actual modelo de ganadería, que aplica una fórmula ya superada por otros países, pero que en Latinoamérica todavía causa mucha destrucción.

En este, por cada cabeza de ganado se necesita por lo menos una manzana de pasto, así, 100 reses necesitan 100 manzanas; con el aumento de la demanda internacional de carne y la necesidad de exportar o vender más carne en el mercado nacional como forma de dinamizar la economía, también aumentan los números de reses y el área de pasto. En dónde encontramos estos pastizales, en el derribo de los bosques de las reservas como Bosawas e Indio Maíz, que además de ser protegidas son el hábitat de las comunidades indígenas, por lo que la ganadería transgrede un conjunto de leyes vinculadas a tratados internacionales.

Pero hay otros modelos ganaderos que los nicaragüenses podríamos explorar. Por ejemplo, la revista Envió desde el año 1998 ya escribía sobre los altos costos de la ganadería en potreros y la comparaba con la modalidad de establos. En este último, el ganado siempre tiene alimentos de calidad y el cuido se combina con pastoreo en praderas naturales donde “crecen no sólo gramíneas sino leguminosas, que contienen proteínas, claves para aumentar la producción de leche e indispensables para conservar la fertilidad del suelo. A la vez, el potencial genético del ganado se aprovechó para especializar a unas razas en leche y a otras en carne o para hacer cruces con objetivos muy definidos” (Envío, 1998).

En Francia se ha logrado que una sola vaca rinda anualmente 5 mil 500 kilogramos de leche. En Alemania llegan a los 6 mil y en Estados Unidos producen 7 mil 400. En carne, los animales que se sacrifican en estos países pesan hasta 300 kilogramos. Estos niveles de desarrollo garantizan grados de autosuficiencia alimentaria muy altos.

Muchos dirán que eso se logra porque son países muy ricos, pero lo cierto es que en Nicaragua, muy poco se trabaja para invertir en la mejora de la industria ganadera y preferimos hacerlo como hace 400 años. Sin importar si se tiene o no la razón, el debate no se da, no hay argumentos y contraargumentos, aunque los efectos se sienten en el ambiente.

También se construyen mitos como en el caso del reciclaje, que ha llevado a creer la educacion ambiental con hacer artesanías se limpia de desechos el país. Una idea desacertada, no solo por la enorme cantidad de residuos que queda sin manejar, sino también porque el nivel de consumo de productos reciclados en Nicaragua es muy bajo. Y a falta de educación ambiental real, el país se mantiene a la saga recolectando y vendiendo material reciclable a un bajo precio, mientras Costa Rica y Guatemala transforman cantidades insospechadas de vidrio, metal y plástico. Así nos mantenemos lejos y seguros de una una industria que podría generar empleo de calidad tanto para recicladores de base, como para emprendedores de las nuevas generaciones en busca de oportunidades.

Lo mismo pasa con la agricultura, la que hoy se debe de adaptar al cambio climático y considerar la adopción de nuevas tecnologías para ese fin; en el caso del agua se sigue lavando vehículos en los ríos y cortando árboles a las orillas de las fuentes de agua; la minería artesanal que resulta una manera de ingresos para miles de familias en desempleo en el campo se hace con el corte de árboles para la mampostería de túneles precarios que ha tomado la vida de decenas de personas en los últimos meses por los derrumbes y todo sin asesoramiento debido y ninguna medida de protección a las personas y al hábitat.

En fin, lo anterior solo reafirma la necesidad de explorar nuevas formas de hacer la educación ambiental, o por lo menos evitar caer en el conformismo de pensar que si se ornamenta una rotonda o una calle, con eso salvamos el planeta. No basta con decir que cuidemos el medio ambiente, sino razonar de manera profunda y actuar de manera consecuente con el medio ambiente y la sobrevivencia de la vida humana. Para eso, la educación ambiental es vital.

Fuentes:
EPA: Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos por sus siglas del inglés.
Revista Envío, número 199, octubre 1998.
Fundación Aquae.

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