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Los mercados y las amenazas de desastres

prevencion de desastres

Welbin Romero J.*

A 20 años del Mith, sin duda, la sociedad nicaragüense se encuentra mejor preparada para hacer frente a estos y otros fenómenos naturales, hemos avanzado en sistemas de alerta temprano, en las capacidades para la evacuación de las personas que habitan en sitios de riesgo. Además, existe grandes avances en materia de identificación de las zonas de mayor riesgo, por tipo de riesgo, se cuenta con distintos de tipos de organización con capacidad de respuesta ante desastres y se han identificado los tipos de riesgos a los que nos enfrentamos.

Sin embargo, el convivir sosteniblemente con los riesgos en una de las zonas del mundo considerada entre las de mayores amenazas, por su frecuencia y cantidad, se ve limitado por la brecha existente entre el funcionamiento de los mercados y la minimización de los riesgos, todo lo cual se agrava por los altos niveles de pobreza, que se traducen en elevada vulnerabilidad social. A lo que se suma el crecimiento natural de la población y la satisfacción de las necesidades inherentes a dicho crecimiento.

Hasta ahora los mercados y el proceso de globalización no han logrado funcionar de la mano con los procesos de gestión sostenible de riesgos. Grandes procesos económicos que a menudo se consideran grandes avances, resultan generalmente en grandes problemas ambientales y enormes riesgos para la población.

El acelerado crecimiento de la ganadería y las exportaciones de carne, han tenido efectos desbastadores para las áreas boscosas del país, incluso en los bosques protegidos. Un poco más de la mitad de las áreas en fincas, están destinadas a pastizales para el ganado, en sistemas extensivos (poca productividad del suelo), que se traduce en que tengamos una res por manzana, bien para ganaderos y mataderos, pero muy mal para una gran cantidad de agricultores que pierden en pocas horas todos los ahorros de su vida por una inundación.

Lo suyo les corresponde a los cultivos de agro exportación, por sus niveles de mecanización han acabado con los árboles en esa zona, pero también con las aguas superficiales y han profundizado y contaminado con agroquímicos las aguas subterráneas. En las áreas urbanas, solo una de las grandes industrias que utilizan enormes volúmenes de agua en sus procesos (embotelladoras de agua potable, de gaseosas, jugos, cervezas y rones, los mataderos industriales, las lácteas, procesadores de productos del mar, etc.), ha mostrado preocupación por preservar el recurso.

Y qué decir de la construcción de mansiones y condominios en las áreas de recarga de los mantos acuíferos, que abastecen de agua potable a nuestras “grandes ciudades”, Managua y otras ciudades sufren de racionamiento de agua desde hace más de 30 años, y los ricos continúan sustituyendo el bosque con suntuosas viviendas en la cuenca sur de Managua, aumentando las escorrentías, el peligro de un nuevo deslave y las dificultades para tener agua potable en nuestras casas.

El plástico, la producción de pantalones desteñidos, el DDT, el nemagón, el malatión y otra gran cantidad de pesticidas con triste historia en nuestro país, fueron traídos por el mercado, y primero creímos que eran un gran avance, para luego darnos cuenta que estábamos matando el futuro de los seres vivos incluido los humanos.

Hoy lidiamos con los transgénicos, ahí está la ganancia, los efectos ambientales y en los seres humanos, se pueden discutir, hay científicos que dicen que no hay efectos, como si no supiéramos que la Philip Morris pago científicos para que dijeran que la nicotina no era adictiva, mientras en sus laboratorios agregaban sustancias a los cigarrillos para acelerar el proceso de adicción. Como si nuestras abuelas y madres no consideraron al DDT una bendición, por su efecto en los insectos, hasta en la cabeza de los niños que agarraban piojos se usó, hoy sabemos de sus efectos en la salud.

Y es que, aunque en teoría los empresarios deberían minimizar los efectos de su actividad en el ambiente, incluir en sus costos lo que ya no puede ser minimizado y retribuir a la sociedad por los daños ocasionados al ambiente (externalidades ambientales), esto está lejos de ser una realidad, la ganancia fácil, incrementada y rápida, parece la consigna de quienes producen para los mercados en nuestro país.

En Nicaragua hemos visto diferentes evidencias de como las empresas vierten en los ríos sus desechos, ¿Cuánto cuesta la contaminación de un rio y sus efectos posteriores?, pero lo que nos dice la teoría es que esa empresa debería utilizar una tecnología no contaminante y si esto no es posible, tratar sus residuos hasta minimizar la contaminación y luego verter los residuos finales en un lugar que minimice el impacto ambiental, el problema es que tiene un costo y al ser los costos opuestos a las ganancias, un aumento de los primeros reduce la cantidad de las últimas.

Para aumentar sus ganancias las empresas deciden utilizar tecnologías contaminantes, que por estar prohibidas en los mercados de los países desarrollados, tienen precios reducidos, es decir costos bajos, pero que, provocan elevados costos para nuestra sociedad, entre otros; contaminación ambiental, aumento de las vulnerabilidades frente a eventos de la naturaleza, que luego no retribuyen a la sociedad, es decir; a los empresarios las ganancias, los costos a todos.

Sino donde creen que se tratan los miles que aún sobreviven con insuficiencia renal crónica provocada por los agroquímicos. Como lidiaron las comunidades de nuestra costa caribe con los huracanes, durante siglos, sin sistemas de alerta temprana, sin brigadas de rescate y evacuación, pero sin mercados. Y no se trata de regresar la historia o eliminar los mercados, se trata de que quien genera costos sociales, los pague, sino que nos los genere.

  • Esta nota es una colaboracion del economista e investigador Welbin Romero.

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